No por mucho metilar… Parte II

Hace justo un mes que me despedía de ti en la primera parte de este «No por mucho metilar…» que inicié con la intención de contarte cómo van las cosas, y hablarte de mis últimos avances, descubrimientos, errores, aciertos, caídas y dudas en mi camino hacia una mejor salud y calidad de vida.

Cuando lo hice, no pensé que pasaría un mes hasta sentarme a continuar esta entrada. La vida marca los ritmos. Los momentos no siempre se eligen, y hay mucho más «ahí fuera» que nos hace humanos.

La cuestión, después de haber dedicado la mañana a cuidar de mi pequeño huerto, limpiar y ordenar la terraza, regar y abonar mis lechugas y fresas, plantar algunos bulbos y quitar malas hierbas, la tarde de domingo se convierte en buen momento para compartir. 

En la primera parte de esta entrada te hablaba de inflamación. De estrés oxidativo. De hipoxia. Distintas etiquetas. Un mismo cuadro. De dieta antiinflamatoria como la base que sustenta todo aporte posterior. De antioxidantes. 

Pero esta entrada recibió su nombre por algo. Y es porque acercarme a la genética, conocer mi mapa genético, mi «hardware» y entender cómo las variaciones y polimorfismos a este nivel han afectado y modelado mi vida y mi salud junto al ambiente externo y las experiencias vitales, ha sido una pieza clave más en el complejo puzzle de mi salud.

Hace un par de días compré los Pathway Planners del Dr. Ben Lynch en su web. Hace ya tiempo que les había echado el ojo, y creo que me ayudarán a entender mejor este complejo mundo de la genética y las vías metabólicas. El sólo hecho de situar «sobre el mapa» mis polimorfismos genéticos a nivel del ciclo del folato, ya fue la fuente de uno de esos maravillosos momentos «Ahá» que ponen una pieza más en el puzzle. 

El ciclo del folato

En la imagen que ves justo arriba, te muestro una captura del ciclo del folato, sobre el que he coloreado en rojo y amarillo mis genes afectados por polimorfismos que afectan, de una manera u otra, a su funcionamiento. En rojo, mutaciones homocigotas. En amarillo, heterocigotas. Sin entrar en profundidad a entender cada una de ellas, ya parece que quizá esta combinación no lo ponga fácil para obtener metilfolato (5-MTHF en la imagen), forma activa de folato que deberá donar su grupo metilo para la correcta conversión de homocisteína en metionina en el ciclo de la metionina, con la presencia adecuada de B12. 

Hasta hace tan sólo un par de días, era consciente de mi polimorfismo en el gen MTHFR y de cómo eso afectaba a la generación de metilfolato, pero no había echado un vistazo al resto de genes/enzimas del ciclo del folato. Ahora veo que, desde el comienzo del ciclo hasta la enzima MTHFR, no puedo decir que se caracterice por su eficiencia  😀 .

Aunque nunca se pueden sacar conclusiones directas basadas exclusivamente en determinados polimorfismos genéticos, saco un par de ideas bastante claras de aquí:

  1. Mi mutación en el receptor de ácido fólico (FOLR2), que dificulta la conversión del ácido fólico a dihidrofolato (DHF), da más peso aún a mi incapacidad de procesar el ácido fólico, que ya tenía asociada a la mutación MTHFR, y a mi determinación de no tomar ningún suplemento que contenga ácido fólico, ni alimentos enriquecidos.
  2. Viendo que la enzima DHFR que le sigue, encargada de convertir DHF en tetrahidrofolato o THF, tampoco parece ir muy fina, ni la enzima MTHFD1 con diversas mutaciones homo y heterocigotas, podría explicar por qué cuando empecé a suplementar Ácido Folínico (o folinato de calcio), mi salud dio otro gran giro, dejé de perder pelo después de varios años, recuperé energía, y mi estado anímico mejoró. Por cierto, hay estudios por ahí que vinculan la deficiencia en la enzima DHFR con anemia megaloblástica (cosas que pasan cuando 1 + 1 son 2). El ácido folínico puedes verlo en la imagen como 10-Formyl THF, como resultado de la primera conversión realizada por la enzima MTHFD1. Si puedo aportar en la mitad del ciclo vía suplementación, una cantidad adecuada del producto final a este nivel, estoy de alguna manera haciendo un «cortocircuito o bypass» de toda la parte previa, lo que me garantiza que al menos alguna parte podrá ser convertida con mayor o menor éxito en las últimas etapas del ciclo. Grande, ¿no? 

Todo esto que no parece fácil, en realidad es aún más complicado, y puede complicarse mucho más.

Desde que en los últimos años se desató el auge de la genética y crecieron las compañías de análisis genéticos, los polimorfismos MTHFR inundaron las redes y las consultas, volvimos a buscar esa solución «One size fits all» o esa «norma» que debe dar con la tecla del mapa genético de cada uno. 

Durante un tiempo parecimos tener una sentencia del tipo (Si MTHFR entonces Metilfolato + MetilB12). Quienes me conocen saben que tengo un fondo muy tecnológico y un tanto «friky» a veces, muchos años de programación a las espaldas, por lo que me resulta difícil no hacer alusión a mi parte técnica y no tirar de ella a la hora de expresarme.

En un lenguaje algo más claro, empezó a verse la suplementación con Metilfolato y MetilB12, productos finales de ambas sustancias, como la solución a las deficiencias, carencias, polimorfismos de todo aquel que tuviera una sentencia de funcionamiento inadecuado de la enzima MTHFR.

Nada más lejos de la realidad. Yo ya pasé por ello. Y he visto como un acierto se convertía en error en cuestión de días.

Cuando se llena el cubo

Hace unos 3 años probé por primera vez un suplemento vitamínico con metilfolato y metilcobalamina, y durante más o menos una semana, me sentí espléndida y llena de energía como nunca antes.  Después, llegó el caos: Irritabilidad, hiperactividad, dificultad para respirar, ansiedad. No entendía qué me estaba pasando, y me costó asociarlo al suplemento. Los síntomas desaparecieron poco tiempo después de dejar de tomarlo. Tiempo después asumí que debido a mis polimorfismos en las enzimas COMT y MAO, no estaba siendo capaz de manejar el exceso de grupos metilos, mis neurotransmisores, y que quizá estaba sintiendo el conocido efecto metil-trap o trampa de metilo, por no haber suplementado primero b12 hasta tener unos niveles adecuados antes de incorporar el metilfolato. ¿Acerté entonces? No lo sé. Tengo mis dudas.

Como un año después volví a intentar tomar ese multivitamínico tan fantástico que había comprado de Estados Unidos y me bastó una sola cápsula para que el caos se hiciera patente. Sólo una.

Creo que la primera vez que tomé el multivitamínico estaba tan enferma y con una deficiencia tan severa debido a que no digería prácticamente nada de lo que comía, que mi cuerpo necesitó todos esos días para rellenar mis niveles de folato.

La segunda vez, mi salud estaba mejor, y necesité menos tiempo y dosis para llenar mi «cubo» de folato y sentir esos efectos incómodos. Hoy estoy convencida de que los suplementos y las dosis no son algo rígido y generalmente no puedes encontrar una rutina exacta de lo que debes o no debes suplementar. Considero que la clave aquí es, debes escuchar a tu cuerpo, debes sentirlo, y empezarás a identificar cuando necesitas suplementar y qué. Ahora funciono de esta manera. Empecé a suplementar ácido folínico hace unos 8 meses como te comenté arriba, y cambió mi vida. Pero también he aprendido que no es una cuestión de tomar mis 400 ug cada día. Normalmente puedo identificar mis síntomas de deficiencia de folato y b12, y suelo alternar o «pulsar» mis suplementos. Tomo ácido folínico quizá una o dos veces a la semana, o cuando me siento cansada, o cuando he perdido mi consumo habitual de «hojas verdes», por ejemplo, si estoy fuera de casa o cambio mi rutina. Cuando tengo deficiencia, habitualmente mi frecuencia cardíaca se eleva y siento palpitaciones. Una sola dosis de ácido folínico mejora los síntomas y mi frecuencia cardíaca disminuye. 

Uso un Oura Ring, de forma que puedo ver como cambian mis patrones de frecuencia cardíaca y sueño en función de mi estado de metilación, inflamación, fase de mi ciclo, y ayuda mucho.

Esta semana he visto un video del Dr. Ben Lynch que explica los síntomas del exceso de folato y que se repiten con mucha frecuencia en las personas que empiezan a suplementar con metilfolato y puso otra gran pieza más.

El ciclo de la histamina 

La imagen de arriba es una captura del Pathway Planner, en este caso de la vía de la histamina. 

¿Te suena ese 10-formylTHF que es el producto final de la rama de la derecha? Si. El amigo ácido folínico ha vuelto. 

La histidina procedente del consumo de proteína puede convertirse a ácido folínico  😯 . Proteína convirtiéndose en folato. Otra grande, ¿no? Y tal como lo explica en su video, si vemos el producto final como un cubo a ser llenado, ¿qué pasa si yo suplemento o genero a través de la dieta cantidades adecuadas de ácido folínico o metilfolato? Que el cubo se llena. ¿Y qué pasa si el cubo se llena? Que toda esa histidina que no puede convertirse a ácido folínico, pasa a convertirse en histamina. Y que puede ser que hubiera sido mejor opción no haber «llenado el cubo». O no. Como siempre, depende. Pero si no cuentas con un buen manejo de la histamina, y con los cofactores adecuados para manejarla, si tienes uno o varios polimorfismos en esta vía, puedes conocer el caos. Y si, como yo, cuentas con polimorfismos genéticos en el gen MAO, en mi caso, MAO-A y MAO-B, la cosa sólo pueda ponerse más «divertida».

Como ves, las catecolaminas, inflamación, lipopolisacáridos, infecciones, comidas altas en histamina, y en general cualquier tipo de estrés, aumentan la conversión de histidina en histamina por la enzima HDC. Y a su vez, también aumentan su liberación. Así que si ya cuentas con un terreno que tiene el cubo de histamina en sus niveles altos, será más fácil que se desborde.

Como alguien que ha luchado una vida con niveles altos de histamina que me impedían muchas veces darle un simple bocado a una fresa o comer un pedazo de carne roja, creo que, definitivamente, no tengo un muy buen manejo aquí. Y eso que las cosas han dado un giro drástico en los últimos años, desde que cogí las riendas de mi salud. Hoy es raro que una comida alta en histamina me produzca una reacción, y durante muchos años, muchas estuvieron literalmente fuera de mi dieta. 

Sin embargo, aún tengo mucha sintomatología de histamina elevada. Me han hecho recientemente un test de DAO donde aparentemente la enzima funciona adecuadamente (tengo un polimorfismo heterozigoto) pero, sin embargo, la histamina en orina está bastante elevada. Teniendo en cuenta el terreno, la endometriosis, el SIBO recurrente…supongo que es lo que cabría esperar.

Esta ha sido una semana de muchos avances. De muchas piezas. Y a pesar de que no entendía a nivel fisiológico el porqué no he sido capaz de encontrar una norma de suplementación en lo que respecta a apoyar a la metilación, ya son meses guiándome por esa intuición y esa escucha que te hace de alguna manera darle al cuerpo lo que necesita a cada momento. A veces necesitas suplementar. A veces no. Un día, necesitas más proteína. El siguiente, más folatos. Sin patrones. Sin rutinas rígidas. Pero con conocimiento. 

Te espero en la Parte III  😛 

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